El dato de que entre enero y lo que va de febrero se han registrado 1,080 casos más de dengue que los que hubo en ese mismo período el año pasado, revela la peligrosa dimensión y virulencia que está teniendo el mosquito que transmite esa enfermedad.
Por más campañas que se han hecho para inducir a los ciudadanos a suprimir las acumulaciones de agua en los hogares, en los patios y en otros entornos, fuentes donde el mosquito se incuba, la prevalencia de la enfermedad se amplía y ataca a más personas.
El año pasado se registraron más de 60 muertes, y ya se cuentan tres víctimas temprano este año, y los hospitales y clínicas siguen recibiendo cada día más casos sospechosos.
Igual está pasando con el cólera, que este año ya ha cobrado seis vidas humanas.
En ambos escenarios, la falta de higiene y el almacenamiento de agua se combinan para propiciar condiciones favorables a la incidencia de los virus que las causan, por lo que la prevención toca más directamente asumirla al propio ciudadano, con medidas prácticas y elementales, en tanto las autoridades sanitarias cumplen su parte proveyendo las medicinas y los tratamientos médicos aconsejables.
Los síntomas más comunes en los afectados de dengue son fiebre repentina y alta, dolores de cabeza y de los músculos y en los ojos, mientras que el cólera se manifiesta en diarreas agudas y en acelerado proceso de deshidratación.
Cuando afloren estos síntomas, que no necesariamente son indicadores de que una persona tiene dengue o cólera, procede ir de urgencia al médico para que realice el diagnóstico correcto y decida los pasos a seguir para combatir sus efectos.
Ahora más que nunca tenemos que estar más vigilantes frente a estos virus que amenazan la salud y la vida de muchos ciudadanos.