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30 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 3:50 PM
Editorial 9 Enero 2013
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Las dos caras de la moneda
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De manera casual, la portada del LISTÍN de hoy trae dos fotos que hablan por sí solas y que subrayan el latente contraste entre el bien y el mal en esta sociedad.

En una, adultos iletrados se congregan en el primer día de apertura de los núcleos de alfabetización, allanando el camino del conocimiento y del servicio a su país; y, en la otra, un grupo de jóvenes pandilleros, exhiben armas de distintos calibres, mostrando la funesta elección del camino del delito y la criminalidad al formar la llamada “Banda de Gilbert”, que azota a los barrios de Santo Domingo Oeste.

Los primeros luchan por superar el lastre de la ignorancia, tratando de aprender a leer y escribir a una edad que a muchos les parecerá tardía, y al hacerlo están dando el mejor y más auténtico ejemplo de superación personal cuando otros han perdido la fe en sí mismos o creen que ya la vida no les reserva buenas oportunidades para el saber.

 Estos iletrados aprenderán no sólo a conocer el alfabeto y mejorar, a partir de él, el lenguaje oral y escrito y la lectura comprensiva, sino también sus derechos y sus deberes ciudadanos, tal como los consagran la Constitución y las leyes, paso fundamental para fomentar una actitud integral de respeto al prójimo y a las normas de convivencia en la sociedad.

 Los otros, los bandoleros, representan todo lo contrario. Han desechado aquel camino del bien y de lo correcto para dedicarse a delinquir, a matar y atracar, a drogarse y a meterse en negocios ilícitos, y con ello han renunciado a sus deberes primarios como ciudadanos. No les importan ni las leyes ni las vidas de los demás porque su derrotero es otro: ser verdaderas escorias humanas.

Diferentes, por supuesto, a millares de otros jóvenes que sí han tomado en serio la importancia de la educación y del comportamiento correcto y que pueblan nuestras escuelas, colegios, institutos y universidades, capacitándose para servir a la sociedad y ganarse el sustento por vías legítimas, que es casi lo mismo, en términos comparativos, con lo que hacen hoy los adultos y ancianos que se han integrado con entusiasmo al Plan Nacional de Alfabetización puesto en marcha el lunes por el Gobierno.

Dos perfectas caras de una misma moneda de nuestra propia sociedad.

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