Las
caricaturas de Harold Priego se hicieron tan expresivas, en un fino manejo de
lo burlesco, que muchos lectores del LISTÍN, aficionados a ellas día a día,
decían que estas eran el mejor editorial.
Las satíricas ocurrencias de Doña
Mármara y su inofensivo marido Don Chichí, los personajes que protagonizaron
sus cotidianas viñetas en la página 2, eran la mejor síntesis de cualquier análisis
o reflexión que ya, en un tono más sobrio y sereno, matizara un editorial y por
eso calaron tanto entre los dominicanos.
Priego, un caricaturista genial, era
capaz de captar en unos trazos y en un chispeante coloquio, o en una cortante
frase o sentencia, el meollo, la falta, el desatino o la tendencia nefasta de
alguna medida gubernamental, y por eso sus personajes hablaban y decían las
cosas que el ciudadano quiere ver siempre plasmadas, como críticas, en los editoriales.
La caricatura periodística alcanzó con
Harold Priego las dimensiones y el impacto que jamás otro de su clase logró en
el ánimo del pueblo, ya que sus distintos personajes, entre ellos Diógenes y
Boquechivo, que vieron la luz en el LISTÍN, interpretaron los hechos y las
conductas, especialmente de los políticos y los funcionarios, de manera descarnada,
tal vez como no suele hacerse siempre en un editorial.
Lo que posiblemente constituya un
fenómeno único de nuestro país, Priego fue el caricaturista fijo de varios
diarios, y su talento era tan grande que la creatividad abundaba y le permitía
manejar al mismo tiempo a varios personajes, todos exitosos.
Harold Priego murió ayer, víctima de
un infarto al corazón, y con su partida se nos alejan también del escenario
cotidiano sus populares personajes, los que con sus punzantes expresiones y
gestos dieron a la caricatura periodística una categoría que ningún buen
editorial podía disputarle.
Paz a los restos de este excelente portavoz
del pueblo.