Editorial 25 Enero 2013
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Las famosas “tarjetitas” para los ascensos

El escalafón militar ha sido desnaturalizado, y eso ha dado lugar a que un sinfín de ascensos dentro de las instituciones armadas del país obedeciera más a los “padrinazgos” que al real desempeño de las funciones.

 Se han dado casos en que un miembro de cualquier rama militar pasa al rango inmediatamente superior sin agotar el tiempo reglamentario y, peor aún, sin haber acumulado méritos o cumplido las tareas, cursos y obligaciones correspondientes a dicho rango.

 Es muy duro, entonces, para un militar que está cumpliendo a cabalidad, que venga otro y le pase por encima y le malogre, en consecuencia, la oportunidad del ascenso que se merece, todo por culpa del “padrinazgo” que influyó o, acaso, de un tráfico de influencia crematística que nunca falta en nuestra burocracia a la hora de mover papeles y decisiones.

 Estas prácticas de ascender a clases y oficiales por puro “enllavismo” se ha enraizado de tal manera dentro de las Fuerzas Armadas que su estructura piramidal de mando ha quedado distorsionada, y por esa razón es que tenemos más generales y coroneles que cualquier fuerza de países con semejantes niveles de desarrollo y población que el nuestro.

 Tratando de frenar esa costumbre ya vieja, el ministro de las Fuerzas Armadas, almirante Sigfrido Pared Pérez, ha decidido no recibir este año las consabidas “tarjetitas” o cartas de recomendación que suelen mandar políticos y civiles para que les asciendan a militares y policías relacionados.

 Es, pues, una decisión correcta que debemos entenderla como necesaria e impostergable para ir mejorando los niveles de institucionalización de las Fuerzas Armadas, haciendo respetar el escalafón, que es la base de su dinámica evolutiva y su propia columna vertebral.

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