¿Queremos o no queremos desarrollo minero? ¿Vamos
a explorar con seriedad y consistencia hidrocarburos en tierra y mar, como lo
dispone la Constitución del 2010? En caso afirmativo, ¿sobre qué base? Esas
preguntas son pertinentes, porque existen grupos militantes con mucha presencia
mediática, que sin proclamarlo abiertamente, entienden que no debemos tener
desarrollo minero de importancia.
En esa postura -más allá del entusiasmo y las
buenas intenciones de muchos jóvenes en las redes sociales- hay una carga de
prejuicios e ideología, de selectividad y manipulación. También mucho temor a
nuestras propias debilidades como nación, en sus relaciones asimétricas con las
grandes corporaciones mineras.
Y, lamentablemente, esta
corriente cuenta en su favor con el peso de muchas historias de todo el mundo,
el continente y las nuestras.
Si decidimos -o
ratificamos, para mejor decir- desarrollar nuestra minería e impulsar la
exploración de hidrocarburos -opciones que siempre he favorecido, como lo hace
la gran mayoría de los actores institucionales públicos y privadosdebemos producir
un gran Acuerdo Nacional sobre sus fundamentos, y cumplirlo cabalmente. En
nuestro criterio, el mismo debe cimentarse sobre cuatro aspectos fundamentales:
1.° Acuerdos de Ganar-Ganar.
La República, que no
puede perder con sus recursos renovables, mucho menos puede perder con sus
recursos no renovables.
Conversando con un
importante líder de la industria petrolera del continente, en un evento del
Instituto de las Américas realizado en Washington, me confesaba que en su
experiencia, cuando los tratos no son equitativos y razonables para las partes,
se tornan inestables, y terminan generando problemas, donde pierden las empresas
y pierde también el país y sus comunidades.
Por tanto, es esencial
fortalecer la capacidad de negociación del Estado en función de los intereses
públicos que representa, y evitar que grupos con intereses particulares, que
ganan siempre con sus complacencias y buenos oficios, interfieran o contaminen
las negociaciones importantes. Algunos de los problemas que inquietan hoy al sector minero, tienen mucho que ver con estos defectos de
origen.
Sin embargo, debemos convenir además en que no serán
suficientes acuerdos de ganar-ganar, cuando existan altos riesgos de daños
ambientales no compensables.
2.° Apertura y transparencia.
Es sorprendente el gran desconocimiento que
existe sobre las actividades mineras y la exploración de hidrocarburos: Tiene
mucho que ver con su carácter tradicional de enclaves, rodeados de hermetismo y
misterio, que generan sospechas y resentimiento.
Las empresas mineras deben abrirse más a la
sociedad, y es preciso fomentar el interés social en conocer las dinámicas y
complejidades de sus operaciones, enmarcadas dentro de los procesos globales.
Urge que República Dominicana se adhiera a la
Iniciativa de Transparencia de las Industrias Extractivas (ITIE).
Este instrumento internacional, puede ayudar
mucho a mejorar el ambiente del desarrollo minero dominicano, ya que asegura un
control social institucionalizado de las relaciones entre el Estado y las municipalidades
con las empresas mineras y petroleras.
Muy especialmente en lo que concierne a pagos de
regalías, impuestos y transferencias de recursos de cualquier índole.
3.° Fortalecimiento institucional.
Si fortalecemos en forma sostenida nuestra
institucionalidad como Estado, en especial con lo concerniente a este sector,
seguro que muchos de los problemas relacionados con el desarrollo minero no
existirían, o se tratarían con menos crispación, con un sentido de alianza
estratégica entre socios, que comprenden sus necesidades reciprocas.
Puede afirmarse y probarse que, históricamente,
las actividades mineras y de exploración petrolera han tenido escasa regulación
y fiscalización, así como una pobre gestión estratégica del Estado.
Los órganos públicos responsables han carecido de
presupuestos adecuados, y su limitado personal técnico y científico calificado
no está bien retribuido y motivado.
También ha faltado voluntad para suplir estas
deficiencias contratando firmas especializadas.
Más y mejor institucionalidad son clave para
proveer seguridad jurídica a la inversión extranjera y nacional, pero también
al Estado y a las comunidades locales, y esencial para lograr el cumplimiento
de altos niveles de responsabilidad social y medioambiental.
Para este fin no solo se precisa de órganos
públicos con mayor autoridad, como el Ministerio de Energía y Minas propuesto
por el Presidente Medina, que superen la debilidad y dispersión institucional
que han caracterizado a estos sectores, sino el desarrollo de estructuras tecno-burocráticas
bien calificadas, motivadas y conscientes de su misión. En consecuencia,
resulta imprescindible una estrecha alianza con centros de estudios superiores
nacionales y extranjeros, para la difusión y formación continua en Ciencias de
la Tierra, así como en regulación minera y petrolera.
4.° Objetivos de alta rentabilidad social y
nacional.
Quizás lo que más puede legitimar la minería, incluso
colocarla en el más alto aprecio de la sociedad, es la capacidad que demuestren
tener los poderes públicos de transferir recursos hacia metas de alta
rentabilidad social y nacional. No basta que se asignen más medios a las
municipalidades circundantes a los proyectos mineros para transformar sus condiciones
de vida, ni tampoco que contribuyan a la estabilidad macroeconómica, con su
innegable aporte a las cuentas nacionales.
La cuestión es esta: ¿Cómo logramos que los
ingresos generados por la explotación de recursos no renovables puedan financiar
proyectos nacionales que interesen a la preservación de los recursos renovables,
y sobre todo, a potenciar las capacidades del mayor recurso de cualquier nación:
su gente, o como le gusta decir a los tecnócratas, su capital humano y social? La
preservación de las cuencas de nuestros ríos, la reforma de la agropecuaria, o
un gran impulso a la educación en ciencia y tecnología -áreas en la que
acusamos importantes rezagosconstituyen algunos de esos proyectos. ¿Acaso
olvidamos que la Presa de Jigu¨ey y Aguacate se construyó con los ingresos del
ferroníquel? La República enfrenta grandes y complejos desafíos.
Sus posibilidades de vencer en esas arduas
pruebas, en gran medida dependerán del fortalecimiento del proyecto nacional
dominicano, a través de una agenda de seguridad energética, que incluya la
exploración de hidrocarburos en tierra y mar, así como de una gestión eficaz,
responsable y transparente de sus recursos naturales renovables y no
renovables, de la minería metálica y no metálica. Siempre, teniendo bien
presente que lo que merece hacerse, merece que se haga bien.