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Economía & Negocios 21 Agosto 2012
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Entre impuestos, vaqueros y armas
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Edgar Barnichta Geara Especial para LISTÍN DIARIO
Santo Domingo

La Ley 36, sobre Porte y Tenencia de Armas de Fuego establece impuestos para la obtención de permisos para que una persona se provea de armas de fuego, no solamente para tenerla en su casa o negocio, sino también para que esa persona la pueda portar en el cinto y exhibirla en toda la ciudad, como vaqueros del lejano oeste.

Hace muchos años escribimos un artículo en el desaparecido periódico Última Hora donde hablábamos de la importancia de aumentar los impuestos a las armas de fuego como forma de encarecer su porte y tenencia y así disminuir su gran cantidad en manos particulares.

Sin embargo, tiempo después nos damos cuenta que no es posible disminuir las armas solamente con impuestos altos, pues no hay suficiente control gubernamental y las armas proliferan con o sin permiso.

Si vemos que una gran cantidad de las muertes, asaltos, homicidios y suicidios de nuestro país se hacen con armas de fuego, significa que algo no está bien y que las armas de fuego son un incentivo, no para defendernos, sino para agredir y creernos semidioses omnipotentes solo por llevar un arma en la cintura.

Sacamos un arma solo porque alguien nos mira mal o sin querer choca nuestro vehículo y disparamos por celos o por un parqueo o por un pleito pendejo con unos tragos de más. Ya no se trata de decir unas palabrotas o pelear a los puños, sino de tirar y matar y después respirar profundo y decir: qué hice! Y qué decir de los gatillos alegres y las balas perdidas.

No es posible que cualquier inepto tenga un arma de fuego y menos aún que tenga permiso para portarla y enseñarla mientras camina, cual vaquero de una película. Y todo con permiso y protección del gobierno y de una ley arcaica.

Es tiempo ya de meditar y actuar. Hablamos de feminicidios, pero les damos armas a los hombres. Hablamos de violencia, pero le damos armas a la población.

A veces solo queremos hablar y oírnos, como si eso sellara nuestra cuota de responsabilidad.

Pero la falacia más grande es creer que con armas los buenos se protegen de los malos. Por el contrario, es más peligroso salir a las calles con un arma que sin ella, por dos razones básicas: a) El que tiene un arma es más propenso a usarla y matar a alguien hasta por cualquier pleito sencillo; y b) Muchos crímenes se cometen solo para robar un arma.

Lo ideal es prohibir todas las armas de fuego en manos de los particulares y el que tema por su vida que contrate guardaespaldas especializados autorizados.

Si esto es mucho pedir, al menos que se prohíba el porte y exhibición pública de armas de fuego, metiendo preso a aquel que ande armado, demostrando así que no somos un país de salvajes.

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