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![]() Ramón Fonseca, un ser humano inigualable
SANTO DOMINGO.- Es increíble como un apretón de manos, por simple que parezca, puede transmitir tanta información sobre la forma de ser, el carácter y hasta la hospitalidad de una persona. Al apretar la mano de este singular personaje se siente afabilidad, sinceridad y acogida. Todo se corrobora al hablar con Ramón Fonseca, abogado, politólogo y escritor panameño, que visitó el país la semana pasada invitado por Alfaguara, sello con el cual acaba de publicar su obra “Ojitos de ángel”. El objetivo primordial de su visita fue participar en dos encuentros con alumnos de distintos centros educativos. Los mismos tuvieron lugar en Santo Domingo y Santiago. Su entrada al campo de la literatura no fue casual, ya que desde niño escribía de todo cuanto le rodeaba, pero al pasar de los años y ver que de lo que escribía salían cosas más serias, decidió comenzar a publicarlas en revistas, aunque en esos años mantenía su identidad en el anonimato, un poco para no escandalizar a sus amigos y parientes, quienes podrían no entender el hecho de que un abogado se inclinara por este tipo de cosas, y otro tanto por temor a la crítica. Ganar un premio le dio el valor que necesitaba y publicó su primer libro sin perder ningún amigo y sin que sus familiares le dejaran de hablar, por lo que al pasar balance cree que le fue muy bien. A pesar de que su intención al escribir no era ser catalogado como autor juvenil, sus obras, donde más han calado es en el gusto de los jóvenes, aunque aclara que escribe para todos los públicos, para todo el que le guste leer y agrega: “al igual que Fonseca, el autor chileno, escribo para jóvenes de ocho a ochenta y ocho años”. El encuentro con los jóvenes dominicanos en donde impartió una charla y luego respondió inquietudes de éstos sobre su obra “Ojitos de ángel”, lo cataloga de muy positivo porque mostraron gran interés, lo que pudo apreciar a través de las preguntas que formulaban. “Noto que el joven dominicano es muy despierto, alegre y hablantín, al igual que los panameños”, dijo riendo a carcajadas, como quien recuerda las picardías de antaño. Con esa sonrisa contagiosa que tiene, explica que aunque en esta novela algunos lectores pueden decepcionarse con el final, no podría ser de otra manera porque la realidad es así y los finales para ser atrayentes deben impactar, deben tomar por sorpresa. “Los escritores llevamos dentro el germen de lo fantástico, de lo no usual y por eso nunca nos vamos por el camino fácil y es por eso que Mechi muere al final de la novela” Los personajes principales de esta novela Julio, un viejo adinerado y arrogante y Mechi, una niña pobre e indefensa, son la misma cosa, son las caras de la moneda llamada “seres humanos”, y todos de alguna manera tienen algo de cada uno, porque cuando se hace el bien a alguien se es Mechi, y cuando prima el egoísmo, se es Julio. “En la vida, lamentablemente, cuanto más viejos nos ponemos, nos convertimos más en Julio, porque la vida nos golpea y perdemos los ideales, pero hay que luchar por mantener algo de Mechi, esa dulzura y esa sensibilidad que nos hace tanta falta en un mundo tan lleno de egoísmo” Piensa que los escritores son los herederos de los cuentacuentos antiguos, que contaban historias y la gente aprendía de ellas, pero que no es papel del autor justificar si los personajes tienen derecho a aferrarse a los recuerdos de malas experiencias para ser como son, ya que no son jueces, al fin de cuentas su misión es contar una historia y que sea el lector quien juzgue lo que haya que juzgar. Al leer un libro es posible identificar personajes que se parecen a tal o cual persona de nuestro entorno, por lo que siempre conoceremos muchos Julio. Copyright 2009 LISTIN DIARIO | Todos los derechos reservados
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