PUERTO PRINCIPE, Haití.- Desde aquel glorioso día, primero de enero de 1804, en que el poeta haitiano Boisrond Tonnerre leyó la proclama de la Independencia en la añeja ciudad de Gonaives, Haití fue un ícono en los ideales libertarios de la humanidad. En dos centurias de historias, estas tierras, donde se ha forjado un pueblo con una cultura que evoca las milenarias raíces africanas, han guardado grandes misterios, que atraen desde entonces a aventureros de todas partes del mundo.
Pese a los estereotipos surgidos a raíz de las guerras intestinas y las convulsiones sociales, Haití sigue siendo un destino turístico que encanta con su magia y una historia que muchas veces supera la fantasía. Playas vírgenes, construcciones centenarias que guardan intacta un pasado de esplendor, ciudades tan antiguas como el mismo pueblo haitiano, añejos mitos del Africa, montes misteriosos, como los descritos por el escritor Jacques Roumain en “La Montaña embrujada”, donde suena el tambor a lo lejos como invocando a los dioses del voudou, son parte del ambiente que rodea a esta extraña tierra del Caribe, donde el frío de una montaña contrasta con el calor de las ciudades.
Y es que Haití es una tierra de contrastes, donde se puede ver una construcción majestuosa en una ciudad montañosa rodeada de pinos y bambúes, como Kenskoff, y en un pueblito pobre se puede ver una casa construida de tejamaní con piso de barro.
Haití, que llegó a ser la colonia más rica de América, en posesión de los franceses, gran productora de azúcar y algodón, hoy conserva vestigios de viejas plantaciones que están a la vista del visitante, como la Habitación Chateaublond, en la Plaine du Cul-de-Sac, Departamento Central, y la Moline Price, en Jacmel. Es uno de los pocos países donde hay un museo del azúcar, en el que se recoge toda la historia de la Industria Azucarera, desde el trapiche, pasando por los ingenios de vapor, hasta las destilerías de alcohol y las modernas locomotoras diesel, que llegaron a la isla a partir del 1915.
POBLADOS
En la ruta de Fontamara, cinco kilómetros al Sur de Puerto Príncipe, está la Habitación Leclerc, donde se conserva toda la construcción en piedra de una legendaria finca, donde años después funcionó, en época de Duvalier, el centro cultural de la bailarina norteamericana Catherine Dinhame, y quien atrajo por muchos años la atención de grandes empresas turísticas.
En una provincia llamada Leogane, en el Sur, no muy lejos de Puerto Príncipe, parece que se detuvo el reloj a principios de siglo, y allí se pueden observar grandes plantaciones de caña de azúcar, ahora usadas para fabricar alcohol.
Este pueblo, dueño de construcciones antiquísimas, es la cuna de la fábrica del ron “Cloren”, y allí funcionan alrededor de cien fábricas de ron, con motores diesel de principios de siglo. En época de molienda los cielos se nublan con el humo de las chimeneas.
La historia colonial de Haití contada por sus monumentos
Esta nación caribeña acoge diversos monumentos históricos que hablan de un pasado colonial marcado por las rebeliones.El más grande monumento de este género que poseen los haitianos es la Ciudadela del Rey Christophe, ordenada por el libertador haitiano Enrique Cristóbal, a partir del 1807.
Construida en el pico LaferriËre, a 875 metros de altura, la Ciudadela es una de las más impresionantes fortalezas del mundo y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En la ciudadela se refugió el rey Cristóbal, quien gobernó el norte de Haití, tras la muerte del emperador Jean Jacques Dessalines, y allí se suicidó con una bala de plata en 1819. Cuenta con 108 cañones, 24 morteros, con 86 ventanales con plataforma de tiro. Se dice que en la construcción de la Ciudadela murieron miles de hombres que fueron puestos a trabajar como esclavos por el hombre que había luchado en contra de Francia por la independencia.
Más allá de la Ciudadela está el Palacio de Sans-Souci, que se comenzó a construir en 1806 y se terminó en 1813. Es como una pequeña ciudad edificada entre tres montañas, en la comunidad de Milot, Cabo Haitiano, que hoy se conserva intacta y que es la fascinación de los visitantes.
Más arriba de la vieja ciudad de Petion-Ville, a unos diez kilómetros al este de Puerto Príncipe, está uno de los más impresionantes monumentos históricos del país: el Fuerte Jacques, que fue comenzado por el emperador Dessalines y terminado por el presidente de la República del Sur, general Alexandre Petion, en 1807.
Tiene 21 cañones de largo alcance y un túnel que conecta a otro fuerte, ubicado a 300 metros. En este lugar el frío es permanente, con una temperatura que muchas veces puede descender hasta a 20 grados.
Las frías montañas
Debido a una corriente de aire frío que atraviesa la isla, Haití cuenta con un remanso llamado Kenskoff, donde han ido a vivir grandes familias adineradas, no sólo haitianas, sino alemanas, norteamericanas y francesas en busca de la tranquilidad.
Este pueblo, enclavado en la cima de la montaña, fue en la antigüedad guarida de las familias francesas y alemanas que permanecieron en Haití luego de la Independencia. Allí están ubicadas las más grandes mansiones que se hayan podido ver en todo el país.
También hay un museo de la historia del país, dirigido por la Misión Baptiste, una entidad religiosa fundada por norteamericanos que llegaron allí a principios del pasado siglo.
Kenskoff se distingue por la gran producción de vegetales en todas las montañas que rodean la localidad de dos mil metros, ubicada a 18 kilómetros de Puerto Príncipe. Más arriba, a 2,700 metros, están las montañas de Fourcy, con una comunidad rural llamada Tierra Fría, donde las brumas no permiten ver a lo lejos.
Jacmel: ciudad colonial
La ciudad de Jacmel, donde se guarda el más original retrato de la era colonial de Haití, recibe la misma corriente fría de Kenskoff, con la ventaja de que está ubicada frente al mar Caribe, con un puerto que recibe barcos de cargas y cruceros.
Construida en 1698, Jacmel es famosa por su carnaval y sus monumentos antiguos, como la catedral de Jacmel, que data de 1700.
A Jacmel se puede viajar por avión, pues tiene un antiguo aeropuerto que recibe dos vuelos al día desde Puerto Príncipe. También se puede hacer el viaje por mar desde Puerto Príncipe en barco turístico.
La ruta, que fue construida por una compañía dominicana, ofrece al turista la oportunidad de una gran aventura, pues atraviesa tres cadenas de montañas, cubiertas por una vegetación que contrasta con la crisis forestal del país.
En Jacmel se pueden encontrar construcciones de casi tres siglos de antigüedad que hoy se conservan como testigos mudos de lo que fue la prosperidad de la Colonia de Saint-Domingue.
Jacmel cuenta con muchas instalaciones hoteleras. Dos de las principales son el hotel Jacmelien y Cap-Lamandou, ubicados en la misma playa.
Cabo haitiano
Antiguamente llamado Cap-Francés, esta ciudad fue construida frente al Atlántico en el 1670, y durante años fue el puerto por excelencia para la exportación de la producción colonial. Cuenta con un aeropuerto y un puerto, donde se reciben cruceros en diversas épocas del año. Sus principales hoteles son el Mont-Jolie y el hotel Cristophe, ubicados frente al mar. Desde Cabo Haitiano se viaja a la isla La Tortuga, antigua capital de la piratería del Caribe.
Las playas
Haití posee envidiables playas de arena blanca, que comienzan más allá de la misteriosa ciudad de L`Arcahie y se extienden hasta GonaÔves, en el Noreste. En medio de esa cadena de playas están los hoteles Mediterrané, Moulin Sur Le Mer y otros que reciben a miles de turistas en el año.
En el Noroeste está el Puerto de Labadie, conocido en el mundo por ser la zona donde se reciben los grandes cruceros. Labadie es como un mundo aparte, donde hay casas de verano, clubes y áreas de esparcimiento.
Labadie es un lugar seguro, por donde pasan los cruceros que recorren diversas islas del Caribe durante el verano.
Desde Cabo Haitiano hasta Puerto de La Paz, en el Atlantico Norte también se pueden encontrar playas vírgenes donde los extranjeros se lanzan a la aventura.