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SOCIEDAD
Bánica, un lugar lleno de misterios
Virginia Rodríguez G. - 5/18/2008
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En el Sur profundo, allá en Elías Piña, silenciosa pero llena de tesoros, está Bánica. Un lugar encantado de iglesias que se construyeron solas y tradiciones tan antiguas como Quisqueya. En la zona central de la frontera con Haití, en la provincia de Elías Piña, se encuentra uno de los pueblos más antiguos de la isla.
Un hombre carga una estatua de San Franciso de Asís. Detrás, la estatua que supuestamente apareció en el Cerro.
Iglesia de Bánica, única construcción colonial de la frontera.
Reloj del sol, construido a finales del siglo XVII.
Los baniqueros están orgullosos de la historia y la tranquilidad de su pueblo.
Río artibonito que marca la frontera con Haití.
Vista desde lo alto del Cerro.
El mercado binacional tiene lugar los jueves y los domingos.

SANTO DOMINGO.- Se desconoce la fecha exacta en que se erigió la iglesia de Bánica. Dice la leyenda que se construyó sola y que fue San Francisco de Asís, patrono del pueblo, el autor del milagro.

Todavía hoy, los abuelos baniqueros le cuentan a sus nietos lo que escucharon de sus ancestros: que nadie sabía de dónde venía ese ruido de construcción que no dejaba dormir a nadie durante las noches, hasta que apareció allí una mañana, salida de la nada, la edificación colonial.

Municipio de la provincia fronteriza de Elías Piña, con poco más de ocho mil habitantes según el censo de 2002, Bánica es un lugar lleno de misterios.

En tiempos pasados perteneció al cacicazgo de Maguana, dirigido por Caonabo. De sus antiguos pobladores indígenas quedan ciertos rasgos en los rostros de algunos de sus habitantes.

El nombre de Bánica es tal vez la primera de sus incógnitas. Se supone que es una derivación de Banique o Baniqué, voz indígena de significado confuso. Riderson Mora, estudiante de ciencias sociales y habitante del lugar, ha escuchado que significa “tierra de ábanos”, pero admite no saber lo que son ábanos, mientras que Hostos Guaroa Mora, en su libro “Bánica.

Apuntes para su Historia” explica que significa “lugar donde abunda el ébano”, pero luego señala que el árbol no es común en la zona.

Ubicada a la orilla del río Artibonito, la ciudad fue fundada oficialmente por Diego Velásquez hace más de 500 años, en 1504, y recibió la inmigración de familias canarias a lo largo del siglo siguiente. Varias veces, desde entonces, fue abandonada y repoblada, debido a los constantes conflictos fronterizos del área.

La ciudad fue llamada “el pueblo MORA”, iniciales de cuatro de las principales familias que poblaron el lugar: Mora, Oviedo, Ramírez y Alcántara.

La iglesia de Bánica y el reloj de sol ubicado en el parque contiguo, segundo de los dos relojes de sol coloniales que hay en el país, son dos de los referentes que han dado a conocer el pueblo. “Eso es sagrado para nosotros, es un símbolo”, dice el baniquero Frheddy Marzán.

Ambos fueron construidos hacia finales del siglo XVII (la fecha más aproximada que se tiene es 1695, según las investigaciones del arqueólogo Pierre Denis) y declarados monumentos históricos en 1969.

“La iglesia, única edificación colonial en la frontera, fue quemada por lo menos en dos ocasiones, durante los períodos de guerra con los franceses y la Reconquista”, afirma Omar Rancier, uno de los arquitectos que dirigió la restauración parcial de la iglesia que se realizó a partir de 1986.

A un kilómetro y medio al Este del pueblo de Bánica, se yergue el Cerro de San Francisco, uno de los centros de peregrinación religiosa más importantes del país. Desde el pueblo el cerro se distingue por su cobertura verde mucho más tupida que la de otras lomas.

En una cueva cerca de la cima de esta elevación de poco más de 600 metros, se supone que apareció la estatua de San Francisco de Asís que descansa actualmente en la iglesia.

“El cerro apareció con el santo. Nadie sabe quién lo llevó allá. Cuando fueron a la cueva lo encontraron allí”, dice la señora Irma Angomás, habitante de Bánica.

El día de San Francisco y de las fiestas patronales en su honor es el cuatro de octubre, pero desde finales de septiembre y hasta mediados del mes siguiente Bánica, y en especial el Cerro, se llena de devotos que suben hasta la cueva para a pedir, cumplir promesas o venerar al santo.

El resto del año Bánica es un lugar tranquilo, animado los jueves y domingos por el mercado binacional. En esos dos días de la semana los haitianos y haitianas pueden cruzar el Artibonito, a pie o en rústicos botecitos de madera, para vender y comprar mercancías.

La tradición de este intercambio comercial es antigua. Ya en 1925 Juan B. Pérez, autor de “Geografía y sociedad. Diario Íntimo”, escribía sobre el mercado de los domingos, donde se vendían productos haitianos como pipas de fumar talladas en madera.

“Los baniqueros nos sentimos orgullosos de ser de aquí”, afirma Riderson Mora. No es para menos.

Serena, sencilla y un tanto aislada del mundo, en Bánica se respira esa magia típica de los lugares que esconden largos siglos de historia y, con ellos, muchos secretos por descubrir.

La rosa de Bánica, tesoro en peligro
Además de su importancia histórica y cultural, Bánica esconde un tesoro ecológico: la planta Pereskia Marcanoi, conocida como rosa de Bánica.

El Cerro de San Francisco y sus alrededores son los únicos lugares del mundo en que habita esta especie, que es a su vez la única de la familia de los cactus que tienen hojas de verdad.

Descubierta en 1958 por el profesor de botánica Eugenio de Jesús Marcano (a quien hace honor su nombre científico), la rosa de Bánica no fue descrita para la ciencia como una nueva especie sino hasta 1992. Actualmente se encuentra en peligro de extinción por la destrucción de los espacios naturales en que habita.

En 2004 un grupo de investigadores del Jardín Botánico inició un proyecto para proteger la planta.

“Se trató de hacer un proyecto de conservación con escasos recursos, pero fue un proyecto efímero, de apenas un año”, explica Brígido Peguero, encargado de taxonomía y de exploraciones del Jardín Botánico.

No existe un conteo efectivo para saber la cantidad de ejemplares que quedan de la rosa de Bánica, pero Peguero estima que el número debe rondar los quince o veinte.

Esta especie es una más de las alrededor de 405 plantas dominicanas que encuentran en peligro según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y pertenece al 25 o 30% de las plantas endémicas del país (que sólo existen en la República Dominicana) que se encuentra amenazada.

El pueblo de Bánica en internet
A Frheddy Marzán le preocupaba que Bánica, el pueblo que dejó a los 12 años, tuviera tan poco contacto con el mundo: a penas tres teléfonos públicos que funcionan con energía solar.

Por eso decidió crear banica.net, página web que tiene ya tres años y desde la cual se mantienen en contacto baniqueros que se encuentran en distintas partes del mundo, desde Estados Unidos, hasta Europa y la India.

“Todavía la gente me escribe emocionada cuando descurbre la página. A veces tenían años sin saber de alguien y lo encuentran allí”, dice.