Santo Domingo.- En nuestro país -particularmente en las principales ciudades- existe una señal inequívoca de la proximidad de las festividades navideñas. Y es que mucho antes de que las noches empiecen a hacerse más largas y los días más cortos, nuestras principales avenidas se llenan de decoraciones de la estación, realizadas por verdaderos artesanos y maestros de la torsión de maderas.
Entre todas estas decoraciones propias de nuestra idiosincrasia se encuentra reinando el árbol de Navidad de charamico, en sus dos vertientes, el de la lata que sirve de sostén al árbol que semeja una flama, y el de pino, sostenido por tres palos de bejuco, que ha sido el más solicitado en los últimos años.
Pero las artesanías no se quedan ahí. Cada año la oferta de elementos en palo viejo, bejuco jaquimey y chino, pangora y tirigüiyo va en aumento. Así, podemos encontrar desde las “bolas navideñas” hasta enormes nacimientos de 13 piezas expuestos en cualquier acera de nuestra ciudad, y el más reciente: un “topiario” de ramas que puede ser encontrado en múltiples colores.
ELABORACIÓN DE LOS CHARAMICOS
A simple vista, la elaboración de las decoraciones no esconde mucha ciencia, pero sí técnica. Sólida Polanco revela que el secreto detrás de la curvatura radica en la flexibilidad que muestra el material cuando está recién cortado, lo que permite trabajarlo con mayor facilidad, “pero si se deja por varios días y se seca, se pondrá frágil y se romperá con facilidad”.
En el caso de los árboles y pinos, Luis Sánchez comenta que cada uno se toma entre una y dos horas para ser realizado, siendo el pino el que más tiempo se toma.