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ORLANDO DICE…
El trabajo de la DNCD, PN y la justicia
Orlando Gil - 11/7/2009
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La Policía Nacional y la Dirección Nacional de Control de Drogas están haciendo el trabajo, y si se quiere, a manos peladas. Con más voluntad que recursos, pero ahí están los resultados. Incluso, han sido tan contundentes los golpes a la delincuencia y al narcotráfico, que los francotiradores del éxito ajeno no les quedó más alternativa que recogerse. Tuvieron en la mira al jefe de la PN por el desacertado manejo de las informaciones relacionadas con el  secuestro de Nagua, y se les desapareció de un momento a otro  al verificarse por otros medios la veracidad de los hechos.  Cambiaron el enfoque, y se centraron en el “intercambio de disparos”, creyendo que con el testimonio de los campesinos no habría defensa posible. El Informe está pendiente, y de seguro que cuando lo den a la opinión pública, hará su poco de bulla, pues en la sociedad dominicana sobran los elementos de maldad, perversidad y morbo. Ahora,  en lo que tiene que ver con el interés de la gente, ese expediente puede perderse en el limbo. Lo que hubo no estuvo bien, pero no hay dudas de que había que dar un ejemplo. ¿Acaso va a permitirse que el secuestro se convierta en una industria?...

Las caras
La violencia es un fenómeno, y tiene muchas caras. El delincuente es una, el policía otra. Harry Callahan, el personaje que encarna Clint Eastwood, no es un producto de Hollywood,  sino de las calles, y no sólo de San Francisco. También de ciudades como  Santo Domingo o Santiago, cuyos índices de criminalidad desbordan la capacidad de las autoridades para dar respuestas adecuadas. Hay quienes se sobresaltan por la violencia de la policía, pero lo hacen porque solo ven un lado de la moneda: no la aceptan como reacción a un delincuente  más agresivo y mejor equipado. Esa es una gran injusticia: pedir intercambio de flores con quienes roban y matan. ¿Cuál debe ser la obligación del policía, proteger la sociedad o facilitar “el trabajo” de asaltantes y secuestradores? Se reniega de los “intercambios de disparos”, pero también de la connivencia entre perseguidores y perseguidos. Y debiera haber mayor racionalidad, pues si no hay una cosa, habrá la otra. La cuestión es simple: la violencia no la pone el policía, aun cuando en ocasiones se  va de la mano, sino el delincuente que pone en trance a su víctima de entregar la bolsa o perder la vida...

Estadísticas
La Procuraduría General de la República por un lado y la Policía Nacional por el otro presentan unas estadísticas que debieran ser las mismas, pero que generalmente tienen variaciones, sobre el descenso de la criminalidad en el país. Comparan un período con otro y sacan una media que favorece a las autoridades. Menos de esto, menos de lo otro, etc. Sin embargo, ese esfuerzo no provoca aplausos, y se mantiene la censura, como si no se hubiera producido ninguna mejoría. La percepción, siempre la percepción. El problema es más grave, pues cuando se analiza la percepción, se descubre que es inducida por la política. La Policía Nacional es víctima de la política. No se la ve como policía, sino como gobierno, y como se critica a uno, también hay que hacerlo con la otra, sin importar que sea la dependencia encargada de la seguridad pública. Es más, se da un fenómeno que intriga y obliga a preguntar cuáles son los verdaderos anhelos de la sociedad, pues a mayor eficiencia policial, las campañas de descrédito y descalificación son más intensas y profusas. Ahora acosan la justicia, pero hace cosa de dos o tres semanas que las embestidas eran contra la PN...

Extraño
Resulta extraño, pero es real que en ese manejo político no sólo incurre la oposición, sino también el gobierno. ¿Cómo interpretar que el secretario de Interior y Policía afirme en público que las actuaciones de sus agentes aumenta los índices de violencia, o haga una comparación entre los niveles de delincuencia en Estados Unidos y República Dominicana, para concluir que proporcionalmente la segunda supera a la primera? Se sabe que es un político en campaña, pero ¿hacia adónde apunta? No se hace simpático con nadie y pisotea su propia obra...

 
 
¡Por fin Baní tendrá su acueducto!

 
 
Orlando Gil
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