El secreto es… “La vida es lo que pasa mientras uno está ocupado haciendo otras cosas”. John Lennon.
Felicidad. Cuatro sílabas que forman una palabra ambiciosa, tras las que el mundo corre hasta el delirio -muchas veces por el camino equivocado- con tal de sacarla del escaparate de las utopías. Es lo que “Bebé” narra en “La vida es silbar”, un drama pintoresco de origen cubano dirigido por Fernando Pérez. El filme rodado en 1998, incluye entre sus premios un Goya otorgado en marzo de 2000, como mejor película extranjera de habla hispana.
“Bebé” es feliz al mismo tiempo que sufre al no entender por qué a los demás les resulta tan difícil serlo. ¿Ironías de la vida? O será que el hombre todo lo enreda, acorralado por el miedo en su afán de escurrírsele al sufrimiento, que termina por mutilarse al aniquilar sus sueños. Es el caso de Mariana, una apasionada muchacha que ama el ballet más que a su propia vida y por el que sacrificó sus pasiones carnales con tal de conseguir el papel de “Giselle”.
Su promesa se convierte en un absurdo, una obstinación, que mantiene cuando al fin se enamora pero no se permite amar por el pánico de verse sin el sueño que tanto anhelaba. O como Julia, que sufría de repentinos bostezos y desmayos inexplicables…. Al menos con eso se engañaba, negada a admitir su pasado y su presente. Y Elpidio, que creció con la voz de Bola de Nieve zumbándole al oído.
Amaba la música y a Cuba, su madre.
Pero lo había perdido todo, en parte por la marginación que sufrió tras la Revolución y por la inercia que lo “movía” a esperar que las cosas le cayeran del cielo. Los personajes lucen tan disímiles, mas es sólo apariencia. Son iguales entre ellos, iguales incluso a nosotros.
Todos quieren ser felices aunque ni se lo crean.
Ahora vamos destacar su moraleja, por encima de los que criticaron su ausencia de sentido, la elipsis que atenta con eclipsar su coherencia y comprensión; la deshilbanación entre las historias que consideraron sin interés, con carencias narrativa, aunque a algún experto le importe un pito.
Apreciemos por esta vez el fondo, no la forma. Ese que refleja el terror que nos da mirarnos en el espejo de la realidad que refleja nuestras debilidades, nuestros defectos y fracasos. El que te desnuda y te quita el antifaz que sólo sirve para engañar a otros… y a veces ni para eso.
“La babosa no se arrastra” aclara un loco personaje. “Está más cerca de la tierra”. Eso es lo que grita Bebé (la misma “Bebé” que de pequeña le prohibieron silbar) sin que la escuchen, porque todos andan perdidos persiguiendo ecos.
Resulta que casi siempre lo que queremos está más cerca de lo que imaginamos. Porque el secreto de la felicidad es eso… silbar.