Nací, crecí y me crié escuchando por doquier que no había en el mundo bahía más hermosa que Samaná. Siempre me hablaron de la valentía de aquellos indios que enfrentaron a Colón en el Golfo de las Flechas, el 13 de enero de 1493, situado según unos frente al Cayo Levantado, entre Caletón y Chinguela y para otros como, Bernardo Vega, en la Bahía de Rincón, ligeramente al norte del actual Distrito Municipal de Las Galeras.
Los samanenses se sienten orgullosos del Cacique Mayobanex, valiente y siempre leal a Guarionex, cacique del Cibao, actitud que le costó la vida. Una especie de tristeza patriótica nos embarga cuando evocamos las tentativas extranjeras o nativas por separar a Samaná del país, arrendándola, anexándola o vendiéndola a Inglaterra, Estados Unidos, España o Francia.
Nos parece un sueño que en Santa Bárbara de Samaná se fuese a construir Puerto o Ciudad Napoleón, como quería Ferrand con un palacio y jardines réplica de Versailles y hasta la Place de la Comedie (Plaza de la Comedia). Hay quienes señalan que el “Puerto Napoleón” sirvió de inspiración para introducir cambios, aunque lamentables, en Samaná, en los años 70, por el Presidente Balaguer. Estos acontecimientos y otros más, reitero hoy, sembraron en nuestro imaginario colectivo la idea de que Samaná estaba destinada a la mayor prosperidad del país.
Sin embargo, con el tiempo, una especie de pesimismo razonado se adueñó paulatinamente de los espíritus peninsulares, y la dictadura de Trujillo significó para Samaná desaliento y frustración. Eso influyó en mi ánimo y creció la rebeldía, y a principios de los sesenta, me imaginé una República de los cocos en Samaná asociada al resto del país, como manera de que mi pueblo recibiese los frutos materiales y espirituales de la dominicanidad que le corresponden.
Decir hasta donde llega mi amor y mi compromiso por Samaná. Una excelente formación hogareña, gracias al esfuerzo de mamá Ángela y de Palelo, me dieron la zapata para que en la escuela pública se forjara mi compromiso permanente con mi pueblo. Entre Samaná y yo hay una relación de amor y agradecimiento. Amor a su naturaleza, a su brisa, a su mar, a sus ríos, playas y montañas, a sus cocoteros, a sus tradiciones culturales, al peje con coco, al bambulá y al chivo juguete, a la fiesta de palos de Bertilia, al pan de batata de magdalena, al de yautía de Bertilia, la música de Ciriaco Stubbs o de Aneudi Díaz. Agradecimiento, sobre todo a mis profesores de la primaria y secundaria: Elba Nicasio de Bezi, Elsa Horton, Melba Anderson, Froila Esquea, Andrea de Peña (Anibelca), Luis Ángel Jazmín, Marina Lavandier, Hilda Fontana, Tabaré Adams, Leticia Caccavelli, Manola de Jazmín, Minerva de Peña, entre otros. Los directores de entonces, los inolvidables Gregorio Elías Penzo y Aniberca Sturla de Sangiovani; y el compadre Piber (Luis Ángel Jazmín).
A lo largo de los años mi compromiso con Samaná se ha fortalecido y renovado, dentro y fuera de la función pública. A raíz de una dolorosa enfermedad, controlable, en comunión trascendente con Dios, sentí que me encomendaba la misión de contribuir a que samanensas y samanenses, sancheras y sancheros, terreneras y terreneros, finalmente transiten la ruta de la prosperidad y del progreso.
Podría decirlo con otras palabras, Cristo, Samaná y yo, mayoría aplastante, mayoría de fe y esperanza. Samaná vive momentos tristes en materia de salubridad, educación, empleo y alimentación. Paradójicamente, mientras la economía nacional crecía, en la administración del Presidente Fernández, 2004-2008, crecía igualmente la pobreza y la pobreza extrema en la provincia de Samaná. Llegó la hora de cambiar de rumbo. Un liderazgo con creatividad y determinación debe trazar la ruta de un Samaná mejor, de un Sánchez mejor y unas Terrenas mejor. Mi amor por Samaná me motiva a actuar siempre con dignidad, transparencia, honradez, amor al prójimo, espíritu de servicio y sobre todo lealtad, a mi país, a mi provincia y a mis principios.
En esta tarea no cabe el deshonor, el provecho personal, el afán de lucro, los negocios encubiertos, las trapisondas, la deslealtad, ni las bajas pasiones. La hora del inicio de la redención se acerca, en la conciencia serena y tranquila de nuestra gente crece y se fortalece el proyecto Provincia de Samaná, ideado para cambiar definitivamente nuestra suerte y mejorar las condiciones de vida y de trabajo de nuestro pueblo, manteniendo siempre en alto nuestras tradiciones y valores, orgullosos de un pasado de natural esplendor, y convencidos de un porvenir con abundantes bendiciones celestiales. ¡Llegó la hora! ¡Adelante comprovincianos, ni medio paso atrás! ¡La victoria será nuestra!