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Sábado 21 de Noviembre del 2009, actualizado 2:28 AM
 
EN RELEVO
No se debe banalizar
Oscar Medina - 11/4/2009
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La penetración del narcotráfico en los diferentes estamentos de la sociedad dominicana es una realidad, y lo ha logrado siguiendo el mismo patrón utilizado con anterioridad en otros países Latinoamericanos. Comienzan por ganarse el apoyo de la base social, donde encuentran cobijo y protección a cambio de ejercer un rol paternalista ante las necesidades de los que menos tienen.

Siguen por las instituciones represivas del Estado, donde comprar y corrompen a las autoridades llamadas a perseguirles. Y después, cuando ya tienen sus reales bien posados, entonces intentan el asalto a la política, a los partidos, y con ello a los centros de poder y de toma de decisiones.

Ya aquí han llegado muy lejos y es tiempo de colocar ciertos frenos. La única forma eficiente de controlar la penetración del crimen organizado en la política es mediante la aplicación de controles estrictos a la financiación de las candidaturas. Fortalecer las instituciones electorales y los controles a los partidos, es el único valladar que ha probado ser eficiente para controlar el ingreso del dinero de la droga a los poderes del Estado.

El momento y la coyuntura son importantes. Se han elevado voces serias y responsables, y la vista del país esta puesta en la limpieza de las listas electorales de los partidos. De ahí que sería una pena que el tema se banalizara y se utilizara como herramienta electoral proselitista, cuando no, como perversa maniobra para desmeritar al adversario.

La denuncia irresponsable, el protagonismo exagerado, la acusación sin fundamentos y el declaracionismo impenitente, sólo sirven para debilitar la coyuntura, distraer la atención de los aspectos medulares de la discusión, y de elemento distractor para lo toma de decisiones. El que vaya a acusar que presente pruebas.

Hay que evitar la denuncia ligera y el facilismo. Por más senador que usted sea, no tiene derecho a embarrar sin pruebas a todo el Congreso. Y más aún cuando su motivación fundamental es no dejar pasar un momento mediático en el manejo de un tema, en el que su denuncismo ligero lo ha catapultado en las preferencias electorales.

Eso es poco serio y poco responsable. Y no ayuda en la lucha contra las drogas, sino que por el contrario, distrae y disgrega los esfuerzos de quienes con seriedad, responsabilidad y sin intenciones proselitistas, están decididos a enfrentar el flagelo de las drogas con todas sus consecuencias.

 
 
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