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CAMPO DE ESTUDIO
Una nueva masculinidad
Li Misol - 10/26/2009
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ES PRECISO BUSCAR MECANISMOS DISTINTOS A LA VIOLENCIA Y A LA COMPETENCIA QUE SIRVAN PARA CAMBIAR LOS PATRONES ACTUALES
El hombre ideal. Expresa emociones y es responsables de sus hijos, su casa y su cuidado personal.

Santo Domingo.- Cuando se revisan estadísticas de violencia, accidentes de tránsito, dificultades de comportamiento en las escuelas y universidades y otros problemas sociales hay un común denominador que se repite y se repite: los hombres. No importa el nivel, clase social, edad o incluso el tipo de educación que haya recibido, el género masculino y su forma de socializar tiene repercusiones.

Entre estas consecuencias están los feminicidios, pero hay otras menos relevantes y más cotidianas como los abusos, la violencia o la conducción temeraria, acciones que tanto hombres como mujeres interiorizan como normales desde la infancia. Por todo esto, la masculinidad es un campo de estudios que intenta abordar la manera en que se construyen los hombres y cómo puede cambiarse esta realidad.

CONDUCTAS APRENDIDAS QUE LA SOCIEDAD APOYA
“El varoncito aprende que competir es bueno, que hay que ser mejor y a la larga se vale violar las leyes del tránsito, subir la velocidad, atacar con tal de adquirir prestigio y siempre ganar porque ser varón es eso: competir, ser atrevido. La sociedad disimula esto y a la vez lo apoya y reproduce”, afirma Larry Madrigal, terapeuta de la Escuela Metodológica de Masculinidades Equinoccio.

La cultura del machismo fomenta la violencia en los hombres
La masculinidad es un campo de estudios con varios años de experiencia que intenta abordar la manera en que se construyen los hombres, cómo estos socializan, y qué mecanismos distintos a la violencia y la competencia se pueden manejar como alternativa para cambiar los patrones actuales..

Aunque muchos insistan en decir que es normal que el hombre se comporte de manera violenta porque “es su naturaleza”, o “porque la sociedad enseña”, habría que pensar que aquello que es natural no puede ser peligroso para el individuo o quienes le rodean. En este sentido Larry Madrigal, terapeuta de la Escuela Metodológica de Masculinidades Equinoccio de El Salvador,  afirma que “si esto lo aprendimos, también podemos desaprenderlo”.

La sociedad suele entender al hombre como el proveedor, el líder, el fuerte, el protector, quien a la vez no puede darse el lujo de expresar sus emociones. Todo este “deber ser” se le exige y de no cumplir, hay sanciones, represalias morales del entorno, que incluso se traducen al campo económico.

Cultural
La cultura tiene contextos propios para cada región del mundo y en el tema de género puede decirse que el machismo existe hoy en casi todas las sociedades contemporáneas, siempre de acuerdo a las diferentes expresiones e identidades y en América Latina tenemos la versión más radical. La conducta del machismo se nos enseña desde el vientre.

“Si vas a ser varón te ponen la ropa azul o rosada cuando es niña, si nace varón hay fiesta, si nace niña en muchos casos resignación, te educan con machismo sutilmente, creces con él y se te premia o castiga si te desenvuelves en él, luego cuando eres adulto se te obliga a reproducirlo y legitimarlo”, advierte Madrigal.

Este machismo cultural condiciona al hombre a actuar de la manera que se espera que actúe, lo que muchas veces perjudica la salud, a quienes están cerca de él y al medio ambiente, todo por  esa manera de ser invasiva y conquistadora. Lo peor es que a veces las expresiones más terribles de ese machismo no se ven en el típico “macho que pega”, sino en un hombre elegante, educado y de cara civilizada.

Crianza
“No quiero decir que los varones no sufren violencia y que no haya mujeres que participen, pero cuando se hace el balance, el poder violento sigue siendo mayoritariamente masculino, centrado en el varón y en una relación muy desigual con la mayoría de mujeres”, advierte Madrigal, quien ve en la crianza la respuesta.

Afirma que a los siete años el ser humano define es consciente de la identidad de género. Es decir, el niño y la niña saben que hay cosas que no deben hacer según su sexo y cosas que deben hacer porque son premiadas o alentadas. Ya en la niñez  hay consciencia del poder que ejerce un varón porque puede, por ejemplo subir a un árbol, pegar, tiene genitales celebrados, puede jugar, ser libre y no tener horarios.Una niña no puede hacer estas cosas.

Se espera además que los varones jueguen deportes violentos y competitivos como fútbol, béisbol y básquet, actividades entendidas como buenas, pero que son gimnasios de violencia. Lo que Madrigal recomienda es jugar otras cosas con niñas y niños, sin ganadores, sino con diversión. “Recordemos que desde la muñeca que se compra hasta el juego tradicional todo está permeado por género y violencia y es en la educación básica donde se pueden cambiar los patrones del futuro”.

El esfuerzo de Madrigal desde la escuela Equinoccio en El Salvador es trabajar con niños y jóvenes, vital  para un nuevo paradigma entorno a la masculinidad, tratando de encontrar la coherencia entre la casa y la escuela, pues advierte que de nada sirve que una escuela sea liberal y que al llegar a la casa los padres tengan un concepto machista.

“Además trabajamos con agresores, hombres que ha ejercido  violencia con sus parejas, sus familias u otros hombres y es muy difícil ayudarles a cambiar cuando rozan el delito, por eso la labor preventiva es básica”.

Madres machistas
Las madres se confiesan machistas para justificar a sus hijos, pero al hacer una radiografía del niño se ve que la madre sólo no es la única responsable de su comportamiento, comparte responsabilidad con la escuela, el entorno y el barrio.

Los hombres también achacan a sus madres su machismo, pero culpar a otros no ayudará, más bien hay que admitir y plantearse la realidad. Además habría que analizar en el caso de las madres que han sido responsables de la educación de sus hijos e hijas, ¿donde estaba el padre corresponsable?

El ideal
Pensar en una nueva masculinidad es pensar en diferentes maneras de ser hombre, todas viables, pero distintas y en sus contextos.

El hombre debe definir su masculinidad en sí misma y no en relación a las mujeres y debe manejar sus emociones, vivir con ellas y actuar en consecuencia. No hablamos de cólera o rabia, sino del amor, la compasión, la solidaridad y la justicia.

Expresiones como llorar,  tocar a otros, besar, hacerse cargo de la crianza de alguien más débil, ayudar o pedir ayuda, cuidar del cuerpo, decir lo siento o guardar silencio no son femeninas: son humanas. Debe haber ya hombres responsables de sus hijos e hijas, su casa y su cuidado, que construyan proyectos con personas, no con géneros. 

 
 
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