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Puntos de vista 22 Febrero 2012
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MUCHACHOS CON DON BOSCO
Llénate de ceniza
Juan Linares, SDB
jlinares@mdb.do

Todos, absolutamente todos, necesitamos que se nos imponga la ceniza. ¡Que nadie se excluya, seamos pequeños o grandes, políticos o empresarios, estudiosos o analfabetos, hombres o mujeresÖ! El gesto de la ceniza, al comienzo de la cuaresma, es muy pedagógico, pues nos conduce hacia la humildad y la conversión que tanto necesitamos.

¿Quién de nosotros no necesita tomar conciencia de que es un ser débil, lleno de defectos y muchas veces incoherente, que necesita hacer un stop en su vida diaria para reparar errores y ganar energías en su camino?

La ceniza debe sepultar nuestros males: corrupción, infidelidad, hipocresía, agresividad, injusticia y odio, tanto a nivel personal como social.

Tomar conciencia de esta debilidad es la puerta para acudir a la fuente donde mana el agua limpia de los valores y para obtener la fuerza que Dios concede a quien le busca con sincero corazón.

La Cuaresma es el tiempo en el que Dios tiene una manera especial de llegar a nosotros. Primero, nos sorprende al estar sumidos en nuestros pecados; nos da un aviso de amonestación, luego nos urge a salir de las cárceles en que estamos atrapados; y nos invita a la conversión, al cambio de vida, a un cambio que afecta nuestro pensar, nuestro hacer y nuestro ser.  Es un cambio moral de tal índole, que supone un dejar de caminar en la dirección equivocada para meternos en un camino que conduce a la meta de una vida en la Gracia de Dios, lo que implica la conversión a Dios señalada por el profeta Joel. “Conviértanse a mí de todo corazón, ñdice el Señor por labios de este profetañ con ayuno, con llanto, con luto. Rasguen los corazones y no las vestiduras; conviértanse al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas” (2, 12-13).

Iniciamos un tiempo que nos propone que nos abramos a los demás. Se trata del gesto de la limosna que es ante todo caridad, comprensión y, por supuesto, ayuda material a los más necesitados.

Nos propone, también, apertura a Dios mediante la escucha de su Palabra, con intensa oración a nivel personal y a nivel comunitario y con una participación asidua en los sacramentos de la Eucaristía y la reconciliación.

Se nos hace una invitación al ayuno, es decir, al autocontrol, a la templanza en todo nuestro obrar, a la renuncia de todo lo que sea superfluo.

Con estas tres prácticas, limosna, oración y ayuno, características de este tiempo, reorientamos nuestra vida de clave pascual.

Como nos dice el Papa, la Cuaresma “es un itinerario marcado por la oración y por el compartir, por el silencio y por el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.

Dejemos resonar en nuestros oídos estas sabias palabras: “Conviértete y cree en el Evangelio” y “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”.

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