Puntos de vista 9 Septiembre 2010
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DOMINICANEANDO
V República algo más que un nombre
José Miguel Soto Jiménez

“Quinta República” es mucho más que el nombre de una fundación o de un movimiento político. Es un estado de conciencia ciudadana surgido del estudio de nuestra etapa republicana, sujeta a la división que han hecho nuestros historiadores de este período de la vida nacional; síntesis y sincretismo del dilema actual que nos embarga.

La “Era Republicana” refleja la encrucijada de nuestro destino, con sus tropiezos, caídas y la voluntad demostrada de ponernos de pie, sobrevivir y seguir adelante.

La “Era Republicana”, llegada de forma tardía a nuestro medio con relación a otras sociedades del continente, refleja, no solamente ese atraso político del que hablaba el profesor Juan Bosch para referirse a un pueblo paradójicamente muy politizado, sino a la falta de desarrollo de una burguesía criolla que traería como consecuencia posterior ese capitalismo tardío del que también se ha hablado, reflejo de nuestra pobreza secular, la inestabilidad, producto de las agresiones de las potencias extranjeras.

Si tomamos en cuenta la forma tardía en que según Américo Lugo se racionalizó en el país el concepto de nación para 1876, hecho que se traduce en la ausencia del vocablo democracia.

Por eso Quinta República es también una razón para alentar las aspiraciones ciudadanas del conglomerado de dominicanas y dominicanos de buena voluntad que creen en la nación y sus atributos.

Quinta República es la plataforma para construir una sociedad más próspera, más dominicana y más justa, sobre la base de las experiencias que se derivan de nuestro transcurrir histórico, utilizando las virtudes del ejemplo de un pasado lleno de gloriosos referentes, pero también de desgracias, caídas, tragedias y malas experiencias.

De las luces y las sombras tenemos obligatoriamente que aprender para forjar el futuro que anhelamos.

Este conjunto conforma el dilema de una dominicanidad que merece ser resarcida por su vocación histórica de levantarse de sus caídas y permanecer de pie sobre su persistencia de sobrevivir y sobreponerse a la parte aciaga de su destino. Sobrevivir como pueblo y como nación define en sí mismo la dominicanidad.

Quinta República es por eso, también, una articulación de fe en los destinos de la República Dominicana, partiendo del hecho históricamente demostrado de que hemos afrontado como pueblo todas las embestidas que hemos resistido. La dominicanidad nació de la voluntad de sus hijos, de defenderse en la pobreza y el aislamiento, de las agresiones foráneas, de las inclemencias de la naturaleza y de los despropósitos de esos dominicanos envilecidos por la ambición personal y grupal.

Hemos soportado y vencido la traición, la falta de fe y la indiferencia por la nación y sus atributos.

Esa misma realidad, impuesta entre otras cosas, por la dictadura de un destino geográfico marcado por nuestra ubicación de ser centro del Caribe insular y el sino geopolítico de ser foco de esa frontera imperial, ha determinado su desarrollo histórico hasta nuestros días.

La imperiosa necesidad de construir una democracia de contenido social sin la vergu¨enza de seis millones de pobres, nos conduce a la convicción de que tenemos que realizar una revolución democrática para regenerar el Estado y construir también una sociedad más justa, bajo el imperio de la ley y de la ética generalmente aceptada.

La democracia de la Quinta República no tiene que ser débil, tolerante y permisiva, hablamos de una democracia con autoridad en el marco de las leyes, que garantice la seguridad ciudadana, sin abusos ni atropellos, donde sea posible el clima para desarrollar las actividades productivas.

Hablamos de una República que no tenga vergu¨enza de ejercer su soberanía, donde la educación no sea solo un lema de campaña. Nada de administrar o repartir riqueza, sino para crearla y distribuirla justamente entre los ciudadanos trabajadores de buena voluntad. Nada de esa democracia de escaparate sin contenido social donde el grupito de siempre se alza recurrentemente con “el santo y la limosna”.

Democracia al fin del pan que se produce y se reparte, porque la libertad con hambre, sin servicios, sin seguridad, sin salud, ni justicia social, es como dijo el poeta: “Una flor que nace de un sepulcro”. ¡Hay que volver a Capotillo!

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