Puntos de vista 5 Septiembre 2010
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Oigamos
José R. Yunén

La vida social dominicana se ha desenvuelto en los últimos años en medio de graves desajustes, que de no ser frenados en un plazo breve podrían llevar a una situación de impredecibles consecuencias. Por eso, una honda de intensa preocupación sobre el futuro de la nación, recorre en estos instantes todos los estratos de la sociedad dominicana.

En ningún otro momento de nuestra historia ha sido tan profunda la brecha de la desigualda entre las grandes mayorías de nuestra población y una minoría privilegiada, cuya opulencia y consumo desmedido de una riqueza conspicua son exhibidos con desfachatez, provocando indignación entre aquellos que tienen un poco de conciencia social.

Todo esto es muy malo. Pero es peor cuando sucede en una sociedad agobiada por la más tremenda crisis de su historia contemporánea: con un erario exhausto, una abrumadora deuda pública, y con las fuentes de producción en los más bajos niveles que cabe imaginar.

Hay diversos sectores de la vida nacional, de la sociedad civil, jerarcas religiosos, que con una elocuencia bien clara le han solicitado por diversas vías y foros al gobierno un régimen de austeridad de forma efectiva, que involucre los recortes presupuestarios.

Sin embargo, los reclamos para implementar la disciplina y la ejecución de esas opiniones y voces disperas hasta ahora, han sido ciegas y sordas. Oigamos pues esta humilde advertencia y sopesemos cuidadosamente todos sus alcances.

 

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