Puntos de vista 5 Septiembre 2010
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El nuevo reto de la Policía
Silvio Herasme Peña

Sin tener que hablar de la Policía Nacional de los tiempos de la tiranía trujillista en los que desempeñó una función doble de Orden Público y de Represion Política, la Policia entró a la era post-tiranía con el reto de servir solo de garantía ciudadana.

Lamentablemente esta vital institución nacional no se pudo deshacer del carácter represivo que desempeño en sus primeros tiempos, y hasta dias recientes no pocos han insistido en lnecesidad de su reestructuración, e incluso de su sustitución.

Uno pensaría que en estos tiempos un miembro de la Policía debe ser por lo menos bachiller, en muchos casos estudiante universitario o elementos interesados en el progreoso de su educación.

En la sociedad de hoy los ciudadanos asumimos la Policía como una institución garantista, empeñada en el orden público, y en una aliada lógica del orden. De ahí que todos la concibamos como una “institución de orden público”.

Pero para asombro y frustración casi general la Policía se comporta con deficiencias frustantes que en ocasiones exasperan a la opinion pública.

No hay que ser ingenuo como para pensar que ese amasijo de caracteres personales, de distintas costumbres y de distintos niveles sociales no carguen algunos con las deficiencias de su crianza o de su ineficiente educación.

No se puede hablar de la totalidad, pero sí de una absoluta cantidad de agentes formados para imponer con eficiencia y elevado civismo el orden que requierela el país.

Hay que reconocer que en esta sociedad existe una delincuencia a veces desaforada que estremece los cimientos mismos de nuestras costumbres y a los que debe controlar la Policía.

Tener el mayor o menor éxito en esa confrontación eterna y exasperante, es lo que imprime en el pueblo la sensación de o sentirse amenazado o sentirse protegido.

Ver que un oficial de la AMET asesina en plena calle a un motoconchista por insolente que sea, nos demuestra que ese personal no ha recibido el entrenamiento adecuado y mucho menos el seguimiento a su conducta.

Si un oficial policial no puede proceder con moderación ante un desafío de un inconsciente motoconchista, demuestra que “algo” anda muy mal en los sentimientos de ese oficial que se supone entrenado y disciplinado.

Los motoconchista surgen como la verdolaga del terreno social como un esfuerzo de ganarse la vida llevando y trayendo personas, por paga, o realizando diligencias a terceros. En términos sociales es un sobreviviente quizás con una educación muy limitda si es que ha recibido alguna.

Una patrulla policial, por otra parte, no puede hacer disparos en plena calle y a pleno dia en la persecución de un delincuente, porque ese disparo –como ha ocurrido- puede quitarle la vida a un inocente, tal y como ha ocurrido.

Y, desde luego, resulta inconcebible que una patrulla policial pretenda detener vehículos desde una zona oscura de la calle. Y peor aún, dispararle a quienes a aquellos que recelan de la identidad de quienes les mandan a detenerse.

Esto ha provocado varias muertes absolutamente innecesarias, como ocurrió con el joven universitario del ensanche Luperón que, por coincidencia, cumplía años ese dia.

La remoción del jefe de la Policía Guzmán Fermín ha puesto fin a un período de expectación de la opinión pública que adversaba ese modo despiadado de la institución que debe preservar vidas. Es claro que Guzmán Fermín no era el que auspiciaba tales desmanes, pero quedó la sensación de que no los combatía con la firmeza que esos casos demandaban.

Ahora tenemos al general José Polanco Gómez, a quien se le identifica como un académico, como el nuevo jefe de la Policía Nacional. Y es lógico que traiga, u ofrezca, nuevos aires y esfuerzos como hacer más segura la vida del país.

La esperanza es lo ultimo que se pierde y a medida que pasa el tiempo la esperanza se diluye y la frustración vuelve a embargar a la opinion pública.

Aparte de su anunciado plan de ampliación de los programas de seguridad para los miembros de la institución, el general José Polanco Gómez debió anunciar un reentranamiento a fondo de los miembros de la institución que más lo necesiten, porque las patrullas no seran ahora compuestas de “suizos”, sino de los mismos dominicanos que aún no han dado la talla en cuanto a ser buenos y eficientes agentes de esa institución.

Todos queremos desearle el mejor de los éxitos al general Polanco Gómez porque ese logro de su gestión sera también el éxito de los dominicanos como sociedad y como país.

Acogemos las promesas en las palabras del nuevo jefe de la Policía, pero las tomamos –como dijera don Rafael Herrera en un memorable editorial de este diario, “con un granito de sal”.

El tiempo del general Polanco Gómez ha comenzado, esperamos, sinceramente, que sea para bien.

 

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