Puntos de vista 4 Septiembre 2010
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SONDEO
Junta y jueces
Luis Encarnación Pimentel
encar-medios@hotmail.com

Por encima de las mezquindades propias de los intereses políticos, el desempeño de la Junta Central Electoral y sus actuales jueces, en sentido general, fue excelente y digno del reconocimiento de los sectores más serios y sensatos del país.

En función de la Junta y los magistrados de otros tiempos, cuyo referente traumático todavía en la memoria de muchos dominicanos es el de los dictados que recibían del poder político de turno, particularmente cuando Balaguer y cuando Hipólito, la diferencia es como de la tierra al cielo. Ya lo dijimos, y lo reafi rmamos, el mayor o gran pecado del actual equipo del organismo electoral fue el de haber sido todos buenos, guardando las naturales diferencias de estilo, procedimiento y manejo personal.

Incluso, los tropiezos y el retraso en los resultados ofi ciales del más reciente proceso no fueron por culpa del organismo ni de sus jueces, que se encontraron en el camino con plazos y procedimientos de ley que debían cumplir, frente a reclamos, incidentes o situaciones enarbolados desde afuera por diversos actores o partes interesadas. Por todo lo anterior, y por la valoración positiva que tiene mucha otra gente sobre la JCE y sus miembros, es que sorprende la opinión de un viejo roble del PRD y fi gura de cabeza bien amueblada como el doctor Hugo Tolentino Dipp, en el sentido de que “en el tribunal electoral no debe quedarse ninguno de los que están”.

¿Qué fué lo que esa gente hizo – o dejó de hacer– que no debe preservarse ni salvarse nadie? Extremar de esa manera no es buen consejo, si se tiene vocación de poder, en un PRD que ahora no tiene representación en el Senado y que, de cumplirse el deseo de Hugo, perdería el único miembro de la JCE que en su momento recomendó, y que porque también es bueno y tuvo un desempeño equilibrado debe ser confi rmado.

Lo mismo debería ocurrir, preferentemente, con los demás integrantes de la JCE, a fi n de aprovechar la experiencia acumulada y no inventar con gente nueva, que requeriría de tiempo para conocer el terreno y luego arrancar de cero. Claro que al haber nueva estructura tras la Reforma, podría abrirse el hueco de uno que otro miembro que, por ejemplo, fuera “rotado” al Tribunal Constitucional. O sea, sólo habría que completar con la lista de aspirantes y propuestos, entre los que pudieran entrar el magistrado Juan Cedano y Belarminio Ramírez.

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