A Caroline Wozniacki no le importa que se le cuestione el mérito que sea la primera preclasificada del Abierto de Estados Unidos.
Sus arrolladores resultados, hasta ahora, se han encargado de demostrar que la presión de cargar con esa condición no le afecta en lo absoluto.
Ni se despeinó el jueves al ganarle 6-0, 6-0 —una bicicleta que le tomó 47 minutos — a la taiwanesa Chang Kai-chen para pasar a la tercera ronda del último major de la temporada.
“Mientras gane, no me importa cómo se vea el resultado”, declaró Wozniacki, quien sólo había cedido dos games en su debut.
La rubia danesa es actualmente la segunda del ranking, pero quedó como primera preclasificada cuando la primera Serena Williams renunció al torneo debido a una cirugía a la que se sometió tras sufrir cortes en el pie derecho.
El criterio para la preclasificación del torneo se basa exclusivamente en el ranking y Wozniacki quedó como primera, pese a que nunca ha ganado un Grand Slam. De hecho, es la primera mujer desde Kim Clijsters en 2003 que larga al frente de las cabezas de serie sin tener un major en sus vitrinas. Además, con 20 años, es la más joven al frente de las mujeres desde que Maria Sharapova lo hizo con 18 en 2005.
“Es una bonita sensación ser la primera cabeza de serie y también lindo poder jugar en el estadio más grande”, dijo Wozniacki al referirse a la cancha Arthur Ashe.
Igual de abrumadora fue la victoria de Roger Federer, un 6-3, 6-4, 6-3 sobre el alemán Andreas Beck, e igualmente avanzó a la tercera ronda.
Este parece ser el excelso Federer de siempre y no el del opaco rendimiento tras ganar en enero el Abierto de Australia, el 16to Slam de su carrera. Ahora con Paul Annacone como entrenador, Federer ha arrancado impecable en un torneo en el que va por el récord de seis títulos.
Beck no fue rival para el suizo, lo lógico por la brecha de 102 escaños que le separan del segundo del ranking. El alemán cometió 11 dobles faltas contra ninguna del suizo.