El ranking de la educación básica, media y técnico-profesional ha puesto al desnudo las graves deficiencias que imperan en la mayoría de los centros escolares públicos y privados del país.
La materia de la zapata sobre la cual se está forjando la nueva generación de ciudadanos educados y profesionales, es quebradiza, de dudosa calidad y amerita de la urgente atención del Estado.
Buena parte de la sociedad ha quedado impresionada al saber que escuelas y colegios reputados como de alta calidad docente caen en la categoría de “deficientes”, lo que quiere decir que en ellos, según el criterio del ranking, se aprende muy poco.
Si las cosas son así, eso indica que ya estamos heredando generaciones de estudiantes con formación cuestionable, algunos de cuyos destellos ya han sido observados en informes bien documentados sobre la mediocridad en el discernimiento, apabullantes faltas ortográficas, alto nivel de incomprensión del significado de las palabras y escasa capacidad crítica.
Este ranking debe servir como aguijón para proceder a una reforma concienzuda del currículum y para revisar el nivel de capacidad y calidad pedagógica de los maestros que son, en primera fase, los responsables de enseñar y velar porque lo que enseñan sea aprendido y asimilado por los estudiantes.
Los padres también están llamados a intervenir en el proceso, para que vigilen la evolución y el desempeño de sus hijos, especialmente aquellos que tienen que hacer el enorme sacrificio de pagar altísimas sumas de dinero para inscripción, libros y otros útiles, sin adivinar que sus hijos no van a ninguna parte con estas fallas en su formación escolar o académica.
desempeño de los maestros en dar una enseñanza de calidad, de entrega a sus alumnos y de hacer que los estudiantes se involucren en el aprendizaje diario.