Mientras su negocio pueda expandirse y desarrollarse sin tropiezos, los cárteles del narcotráfico se concentran más en asegurar sus mercados y obtener el máximo nivel de complicidad de las autoridades del país en el cual operan.
Pero cuando este cuadro cambia y se ven compelidos a recular por el intenso acoso y bloqueo a que los someten las autoridades antinarcóticos, entonces apelan a acciones subversivas y desestabilizadoras contra el Estado mismo.
Cuando la guerra se declara, los cárteles activan sus brazos armados para el terror y ya hemos visto cómo en muchas naciones, tanto si se dan guerras entre ellos mismos o contra un gobierno, como ocurrió en Colombia y ahora en México, estas confrontaciones devienen en verdaderas epidemias de violencia, en cadenas de asesinatos, secuestros y otros hechos criminales.
Para ello cuentan con ejércitos propios, con aviones, armas modernas, explosivos y logística militar o con el apoyo estratégico de guerrillas o grupos irregulares armados.
Se ha revelado ahora que el dinero que se pretendía obtener con la venta de un cargamento de más de mil kilos, incautado en el aeropuerto de La Romana, estaría destinado a financiar actividades terroristas en un país no identificado.
El presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas, mayor general Rolando Rosado, dijo que esos planes fueron descubiertos mediante un trabajo de inteligencia de varias entidades que luchan contra las drogas y que cooperan entre sí.
En vista de que aquí se han propinado golpes muy severos al narcotráfico, que incluyen el arresto o muerte o la deportación de algunos de sus ‘capos’ más sobresalientes y de sus sicarios, así como la incautación de voluminosos y costosos cargamentos, hay que considerar como posible que de la misma forma en que se financian actos terroristas para atacar a otros gobiernos, así pudieran manifestarse en el país tales formas de retaliación.
Dios nos libre de llegar a un escenario semejante. Pero nadie puede descartarlo.