Dentro de las Fuerzas Armadas hay una enorme cantera de talentos de hombres y mujeres profesionales cuya labor, a menudo no apreciada, resulta decisiva en nuestra sociedad.
Muchos buenos médicos, ingenieros, técnicos y especialistas en diferentes ramas trabajan detrás de la parte más visible, que son los soldados que tienen a su cargo la custodia del país y del orden interno, haciendo sus contribuciones a la ciudadanía especialmente en situaciones de emergencia.
Esas dos categorías se complementan a la hora de trabajar en casos de huracanes, programas de asistencia social, construcción o reconstrucción de viviendas o determinadas infraestructuras.
Poseen institutos superiores en los cuales cumplen o prosiguen su formación profesional, y puede decirse que en un ambiente favorable, en el que no existen las amenazas de guerrillas o insubordinaciones armadas, salvo el desafío que representa el narcotráfico y la delincuencia que se deriva de él, la capacitación constituye su actual prioridad.
Por eso es oportuno el compromiso anunciado por el nuevo jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, mayor general Carlos A.
Rivera, de intensificar los planes de educación en valores, en materias especializadas y en formación militar.
El Ejército iniciará pronto un programa nacional de revalorización de los símbolos patrios, que es eje fundamental en el sostenimiento de nuestra cultura patriótica que se ve aguijoneada por tendencias desnaturalizantes y por los continuos irrespetos a las leyes y normas que han sido adoptadas para garantizar la coexistencia civilizada de la poblaciòn, como si a muchos ya no les dolieran los sacrificios que han hecho las anteriores generaciones para conservar los elementos de nuestra nacionalidad y las capacidades para la autodeterminación.
Esa es una campaña hermosa y de alto sentido, que abarcará escuelas y otros centros públicos y privados, y que el país está necesitando permanentemente.