Editorial 4 Septiembre 2010
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Multando a los que ensucian
Viene a resultar, pues, una iniciativa interesante la que ha tomado el ayuntamiento de Guerra de multar a los colmadones, almacenes y otros negocios que depositen su basura en las calles.

El escaso respeto por las reglas urbanas, agravado por la aún más escasa conciencia ciudadana, hace que el tirar basura en las vías públicas sea un ejercicio común y corriente entre nosotros.

Como no hay penalidades o multas que se apliquen efectivamente, controlar esto se hace bastante difícil. Y por esa causa nunca acabamos de cantar victoria contra la suciedad, pese a los recursos millonarios que se invierten con el propósito de higienizar nuestras ciudades.

En muchos lugares del mundo es un grave delito echar desperdicios en las calles. Inclusive, se penaliza a los ciudadanos que no colocan sus recipientes de basura doméstica en los días y horas que se les asigna a sus vecindarios para que un camión los recoja.

Otros van más allá con reglas estrictas como Singapur, que castiga a cualquiera que tire una colilla de cigarrillo o una goma de mascar. Es más, en la mayoría de las capitales asiáticas está prohibido entrar a los trenes o metro mascando esas gomas o fumando cigarrillos.

Viene a resultar, pues, una iniciativa interesante la que ha tomado el ayuntamiento de Guerra de multar a los colmadones, almacenes y otros negocios que depositen su basura en las calles.

Podría ser este el principio de un esfuerzo decidido de los ayuntamientos por establecer controles efi caces a estos desmanes ciudadanos, por lo menos en aquellas ciudades donde tirar desperdicios indiscriminadamente se convierte en una práctica extendida y consuetudinaria.

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