Recoger la basura de nuestras ciudades y, si es posible, reciclarla u obtener de ella algún beneficio debe constituir una de nuestras prioridades nacionales.
El Gran Santo Domingo produce diariamente más de 4 mil toneladas de basura. Si se dejara de recoger regularmente en los municipios que lo componen estaríamos exponiendo al 40 por ciento de la población dominicana –concentrada en ellos– a una seria amenaza sanitaria y ambiental.
Hay empresas que ofertan servicios de recogida de basura y plantas de reciclaje o la construcción de rellenos sanitarios con los estándares modernos.
Estos últimos son muy costosos, pero necesarios.
Como existe una mancomunidad de ayuntamientos del Gran Santo Domingo, lo ideal sería que con el apoyo del Gobierno y del sector privado se emprenda un proyecto para la construcción de uno o dos grandes vertederos, con sus correspondientes equipos para generar de la basura energía o materiales procesados, a fin de que los más de cuatro millones de habitantes de este territorio no se expongan a los riesgos de enfermedades pulmonares o de otra índole que se generan en basureros abiertos y mal manejados.
Al único que tenemos en la capital, el de Duquesa, se le agota su vida útil. Una gran metrópolis como esta que se encuentra en franca expansión y, por ende, en un progresivo aumento de la producción de basura, no puede demorar más la búsqueda de una solución de más largo horizonte o, de lo contrario, sufriremos sus terribles e insospechadas consecuencias.