FUERA DE CÁMARA

El ejemplo de Pardo Llada

El ejemplo de José Pardo Llada va un poco más lejos del ejercicio de lo simple. Debería abarcar la dignidad que él tuvo para no volver de hinojos donde el que lo humilló, lo pateó, lo desconsideró sin ninguna piedad...

Aquellas tenidas de la barra del Lina las recordaré siempre... ¿Cómo olvidarlas si fueron cátedras de dignidad, entereza y ejemplos de vida?

Que no sólo para saber alternar dos oficios con tanto en común como la diplomacia y el periodismo. Eso es lo de menos.

Sus enseñanzas han perdurado en mí las últimas tres décadas y dejado huellas imborrables en mi vida profesional... Tanto, que no negocio como periodista el bozal de la diplomacia. Y en eso fue él un maestro.

Con Pardo Llada aprendí que la genuflexión nunca puede ser una opción después de la ofensa. Menos aún, si la agresión proviene de un amigo de muchos años y en caso extremo si ambos están en el exilio atravesando las mismas penurias.

Él lo vivió en Cuba, con su amigo Fidel, a quien acompañó a lo largo de su aventura revolucionaria desde 1954. Cargando una parte pesada porque encabezó la resistencia urbana con la agitación radial que era vital para la supervivencia guerrillera.

Cuando Fidel bajó de la Sierra, con barba y crucifijo, su amigo Pardo lo esperaba abajo lleno de alborozo por el triunfo. Le pagó con persecución y cárcel al hombre que le salvó la vida tras el asalto al cuartel Moncada.

Luego quiso llenarlo de gloria y reconocimientos... Pero era muy tarde. José Pardo Llada prefirió el exilio y se fue de Cuba para siempre.

Colombia lo distinguió
Nunca fue un fanático de la causa anticastrista y prefirió establecerse en Colombia antes que en Miami porque tampoco estuvo nunca de acuerdo con el bloqueo a Cuba que consideraba inhumano y cruel.

Con los años se nacionalizó colombiano y es así como Pardo llega a la República Dominicana como Embajador de un país que no es el de su nacimiento, uno de los pocos casos de esa naturaleza que se conocen en la región.

Por supuesto, Colombia tiene establecido constitucionalmente que un súbdito extranjero que opte por su nacionalidad puede desempeñar cualquier función pública menos la Presidencia de la República.

Pardo Llada se consideraba un colombiano más aunque estando aquí hablaba con pasión de su Cuba querida y sus añoranzas eran permanentes. Siendo embajador colombiano desarrolló grandes amistades con los dominicanos, un pueblo con el que siempre estuvo identificado.

Colombo, Pardo y Yo...
Es verdad lo que recuerda el señor Ramón Emilio Colombo. Cuando fuimos amigos y compartíamos sueños en común, nos relacionamos muy de cerca con Pardo Llada y con alguna frecuencia alternábamos con él en la barra del Lina. Yo, también en su oficina, en Hoy, en muchos sitios...

Con él aprendí que se puede ser embajador con dignidad y periodista sin bozal. Y al que no le guste, ya sabe lo que tiene que hacer...

Pardo fue siempre más periodista que embajador. Escribía artículos semanales en los diarios El Nacional y Hoy, y le alcanzaba tiempo para escribir en dos revistas bogotanas, en un periódico de Barranquilla y en otro diario de la sierra risaraldeña.

Muchas veces se olvidaba que era embajador para ser periodista... Abandonó la diplomacia para irse a dirigir un periódico de Cali.

No fue un farsante ni fingió nunca posiciones sectarias para congraciarse con quien le pateó el trasero en su momento de mayor necesidad... Murió a los 86 años, el 7 de agosto de 2009...

¡Siendo un periodista de verdad... No un teatrero de poca monta!