La trágica muerte de Radhamés Trujillo

Recientemente, el periodista William C. Rempel publicó el libro “En la boca del lobo: La historia jamás contada del hombre que hizo caer al Cartel de Cali” (Editora Grijalbo: ISBN 978-958-8618-60-9).

El libro está basado en la entrevista que hiciera el autor al ingeniero Jorge Salcedo, encargado de seguridad de comunicación del Cartel de Cali, en el que narra desde su papel como personaje clave en ese grupo del narcotráfico en la sangrienta guerra desarrollada entre los carteles de Medellín, liderado por Pablo Escobar, y el de Cali, dirigido por los hermanos Rodríguez Orejuela (Miguel, Gilberto), Pacho Herrera (gay que dirigía la más criminal del Cartel), y Chepe Santacruz.

El libro descubre datos y anécdotas sobre esa sangrienta y absurda guerra terrorista, cruel, inhumana, degradante de todos los preceptos morales, éticos, de las leyes y normas de la convivencia dentro de un Estado de derecho que a través de la penetración mediante el soborno con el abundante dinero de los zares del imperio de la cocaína, permeó prácticamente a todos los estamentos de la sociedad colombiana, incluso al propio Estado, al extremo de “comprarse un Presidente”, Ernesto Samper, quien recibió US$6 millones del Cartel de Cali.

Pero lo que más nos llamó la atención e interesó, por la información que confirmaba lo que hasta entonces era un rumor vox pópuli, de que Radhamés Trujillo era un narcotraficante, usando como fachada una empresa de exportación de café, que encubría su condición de jefe de Operaciones del Cartel de Cali en Panamá. Dada esta coyuntura, el ingeniero Jorge Salcedo, por instrucciones del Cartel de Cali, contactó en Panamá a Radhamés Trujillo para que este colaborara a nombre de dicho Cartel con las autoridades norteamericanas, dentro de la estrategia común de todos los narcotraficantes, contra la política de extradición, convenciendo con buena suma de dinero a un testigo clave, que tenía pruebas para demostrar de la participación de Noriega en los negocios del narcotráfico.

Este testigo era el exembajador panameño en USA, Ricardo Bilonick, con una fortuna proveniente del Cartel de Medellín, quien atestiguaría en contra del ex hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega, como testigo clave en el proceso que se llevaba a cabo en su contra por los Estados Unidos dada su comprometedora vinculación con el tráfico de drogas. Ricardo Bilonick es todo un personaje, fue asesor del general Omar Torrijos en las negociaciones para la devolución del Canal de Panamá, había estudiado en la Harvard, e hizo muchos negocios con Noriega.

Dos años después, en fecha 15 de agosto de 1994, llega desde Panamá a Cali, Colombia, Radhamés Trujillo con tres acompañantes, dos hombres y una mujer de nacionalidad costarricense, esposa de uno de los dos panameños; Radhamés había sido convocado para explicar que había pasado con la captura y confiscación de un gran cargamento de cocaína por parte de la autoridades panameñas. El Cartel tenía sospechas de que Radhamés Trujillo los había traicionado con la DEA.

Los cuatro fueron trasladados ese mismo día a la hacienda denominada “El Desierto”, propiedad de Pacho Herrera, ubicada a una media hora en vehículo al noroeste de Cali; no tenían idea de que serían asesinados y destripados, luego tirados desde el puente al río Cauca. Nunca supieron que con sus documentaciones y pasajes de regreso, serían usurpadas sus identidades por cuatro sicarios del Cartel de Cali, que viajarían a Panamá de regreso, a fin de que “Ö cualquier búsqueda de los desaparecidos tendría que empezar en la ciudad de Panamá y no en Cali”.

El cadáver de Radhamés Trujillo, descuartizado para que no flotara y no se encontrara nunca, fue transportado en el baúl de un automóvil Chevrolet Sprint a su última morada, poco mas de 33 años después del ajusticiamiento de su padre, el “Jefe”.